jueves, 3 de septiembre de 2009

Digitalizar inventarios


En el barrio umbiliqueño de Cuatro Caminos, plaza que soporta un tráfico intenso tanto de personas como de vehículos, contamos con un lotero muy conocido. La administración allí ubicada es muy popular y no resulta infrecuente encontrarse con largas colas, sobre todo en navidades, que con toda facilidad pueden alcanzar y superar los 50 metros. Ni que decir tiene que las colas interesan al propietario por la publicidad gratuita que le proporcionan y llaman la atención tanto de umbiliqueños como de comarcanos, que se desplazan desde diversos puntos de la provincia para adquirir el correspondiente décimo, porque como se dice que esa administración vende tanto, al parecer existen muchas más posibilidades de encontrar el décimo que saldrá premiado. El lotero, muy cuco él, favorece las colas, y de vez en cuando sale de la administración. Si ve que la cola no llega hasta la esquina, vuelve a su taquilla y comienza con toda parsimonia el proceso de revolver los billetes, entre los comentarios habituales de los clientes: bueno, vaya por Dios, ya está Manolo haciendo que hace... Cuando la gente protesta, en lugar de ponerse a trabajar, se da importancia, que si no saben ustedes lo difícil (a la par que complicado) que es llevar esta administración, y aprovechando la discusión, las colas crecen y obtiene el objetivo que persigue: que los conductores y peatones cuando pasen por allí se queden admirados: pasé hace un rato por Cuatro Caminos, y tenía Manolo una cola que doblaba la esquina. No veas tú lo que debe vender el tío...

Hace años, creo que sugerí en un forito (q.e.p.d.) digitalizar los inventarios antiguos que adoptasen un formato de libro, porque digitalizar fichas me parece inviable. Hace cosa de un año comprobé que esta sugerencia fue recogida por un señor (del que por cierto en otros aspectos tengo una opinión pésima y no sigo...), individuo que sé fijo-fijísimo, oye, que me leyó. Aunque no me leyese, que esto es lo de menos, la propuesta me parece razonable. Resulta evidente que, al menos en mi caso, no lo planteé como una solución perfecta ni definitiva, pero sí transitoria y pragmática en espera de mejores tiempos, fácil, rápida, e incluso barata, que beneficiaría a los usuarios, pues a nadie se le escapa que podrían acudir al archivo que contase con sus inventarios digitalizados y subidos a la red habiéndolos rastreado previamente desde casita, ahorrando tiempo y dinerito de alojamiento, manutención y tal y tal y tal.

Porque si vamos a esperar a una descripción prefecta, digo perfecta, tan amplia que incluyese hasta el último papel que se conserva actualmente en los archivos, aviados íbamos, que con el rollito dificultativo al uso, te digo yo que tendrían que pasar fijo-fijísimo cuando menos tres generaciones, y para entonces, todos calvos, criando malvas, y nuestros tataranietos elaborando un nuevo plan perfecto-perfecto porque el elaborado en nuestros días es de suponer que se habría quedado obsoleto. Y a la sustitución del Reglamento de 1901 me remito, al hecho de que en 1978 no se hubiesen catalogado todos los documentos escritos en latín que se conservaban en las bibliotecas servidas por el cuerpo facultativo de bibliotecarios del Estado, o a que en 1965 la BN no hubiese llegado a identificar la autoría vinciana de los dos manuscritos que custodia, también. Por no ocuparme de fondos servidos por profesionales de los archivos desde 1858 y que no se tocaron o se manejan a través de IDDs (algunos manifiestamente mejorables en mi opinión) anteriores a dicho año.

Entre lo deseable y lo posible está lo razonable, y lo razonable no está exento de una cierta dosis de pragmatismo. Porque si me dan a elegir entre esperar tres generaciones para obtener en internet una descripción perfecta-perfecta (y total) de la documentación que se conserva actualmente en los archivos, o digitalizar de forma transitoria los inventarios en uso, vengan para aquí esas digitalizaciones, que me conozco el paño. En algunos sitios no precisan de asistencias técnicas para organizar los fondos, o las tienen como una ayuda, pero en otros ¿qué quieres que te diga que no sepamos todos? Se podrá decir que el hecho de subir las digitalizaciones de los IDD a la red podría congestionar los servicios de reprografía de los archivos. Vale. Lo acepto. Lo que no se puede, o no se debe hacer en mi opinión es tomar el rábano por las hojas y considerar definitiva una solución pragmática y transitoria, basada en la experiencia de 150 añitos sobre el ritmo y volumen de trabajo realizado en lo que a organización y descripción de los fondos se refiere, creo yo.



2 comentarios:

archivista dijo...

Yo creo que en la medida de lo posible deberían publicarse en la Red el mayor número de IDDs, aunque -como dices-, no se debe "considerar definitiva una solución pragmática y transitoria". Y ponerlo en práctica (y que sea algo verdaderamente útil) puede ser una excelente manera de experimentar con gaseosa el acceso a la información archivística en la Web.

LA NIÑA DEL EXORCISTA dijo...

Me alegro que lo consideres así. En otra ocasión había enviado un comentario a tu blog en este mismo sentido. Si no se entendía mi punto de vista, espero haberlo aclarado.

Es que tanto para cuestiones de trabajo como de diletancia (permíteme el palabro) no me parece moco de pavo tener en la red lo que haya, sobre todo para los que estamos lejos de los grandes archivos e incluso de los pequeños y medianos. Aunque no sea lo mejor, es lo que hay ¿Cuántos IDDs (por llamarles algo) son meras relaciones, algunas con una descripción que se reduce a una palabra por unidad de instalación [o si quieres de conservación :-)] que se tarda un mundo en rastrear porque no existen índices? ¿Cuántos IDDs son meras relaciones que al carecer de un cuadro de organización (yo al menos paso las penas del purgatorio cuando no hay cuadro,)en las que se necesita tiempo -o yo lo necesito- para rastrear una y otra vez el supuesto IDD y al final tener cuando menos una idea, aunque sea difusa, de la unidad o unidades en las que puede estar la información que te interesa?

Colgando los IDD en uso en la red se darían facilidades y se reducirían gastos a los que tiene que desplazarse a los archivos. Si se congestionan los servicios de reprografía, auméntese el volumen de personal, que tampoco creo que sea un gasto que asuste.

En fin, sólo quería decir que en mi opinión digitalizar esos IDDs mientras no haya nada mejor daría facilidades a los usuarios, haría salvar esa brecha cada vez más grande con las bibliotecas (y ahora con las hemerotecas digitales con OCR), porque aunque existan notables diferencias con los archivos, a nadie se le oculta que existen puntos en común, la gente compara, y me parece normal que se queje ¡¡Mecachis!! Ya me he pasao de largo.