martes, 10 de enero de 2012

Dio trabajo a un obrero no sindicado y le colocaron un petardo


Vamos con un ejemplo de lo que era un petardo y los daños que ocasionaba. La calle de Vera desapareció con la construcción del viaducto de la avenida de Alfonso Molina en San Pedro de Mezonzo debido a la necesidad de anchear la calle en ese tramo. Comenzaba en la travesía de Vera y concluía en la calle de Castro Chané. Como veis, la nueva construcción de la antigua calle de Vera --hoy un tramo más de Caballeros-- no está en línea con el edificio de la Escuela del Trabajo, sino algo más retrasada. La travesía de Vera se llama hoy calle del alcalde Puga y Parga y descendía desde esa esquina de la imagen hasta Cuatro Caminos.

Precisamente en esa esquina que ocupa hoy Casa Cuba tenía un modesto inmueble Enrique Longueira Pérez, de 81 años, que tampoco parece un potentado porque vivía en un bajo del entonces humilde lugar del Borrallón. Estaba reformando una casa de dos alturas y había empleado a un obrero que no estaba afiliado a la UGT ni a la CNT, así que sobre las once y media de la noche del 6 de mayo de 1936 le lanzaron un petardo por una ventana del edificio que ocasionó escasos desperfectos. Los petardos generaban alarma social, llamaban la atención y constituían un violento aviso de males mayores en caso de que la víctima no se plegase a las exigencias sindicales. Es de suponer que el propietario del inmueble habría sido primero amenazado, no atendió a los requerimientos de las organizaciones sindicales y sufrió las consecuencias de los que hoy venden como defensores de la libertad, la república, la democracia, y no sé qué más. Los daños fueron pericialmente valorados en 145 pts. de la época y tan sólo parece que ocasionaron la apertura de un boquete de unos 20 cm en el suelo y el resquebrajamiento de algún tabique.

Como quiera que, para variar, el hecho quedó impune, el sumario se expurgó, así que de este atentado sólo conocemos el auto de sobreseimiento y unas cuantas noticias de la prensa local.

Dice La Voz de Galicia correspondiente al 7 de mayo de 1936, en un suelto que parece querer hacer énfasis en minimizar el hecho (destaco en negrita ese énfasis):

UN PETARDO

------

A las once y media de la noche de ayer estalló un petardo en una casa deshabitada, en la cual se realizan al presente algunas obras de reparación, situada en la calle de Vera número 1, de la que es propietario D. Enrique Longueira.

La casa consta de dos cuerpos.

Los daños causados por la explosión carecieron de importancia. Sólo se resquebrajó el tabique de una de las habitaciones y se abrió en el suelo un pequeño agujero.

Se desconoce a que obedece la colocación del pequeño artefacto.

Por su parte, El Ideal Gallego también de 7 de mayo de 1936 ofrece una información más neutra:

Estalla un petardo en una casa en reformas de la calle de Vera

------------

Cerca de las doce de la noche de ayer estalló un petardo que había sido colocado en el piso bajo de la casa número 1 de la calle de Vera, propiedad de don Enrique Longueira.

El artefacto al hacer explosión causó ligeros desperfectos en uno de los tabiques del inmueble, cuyos pisos están deshabitados por las obras de reparación que en él se están realizando desde hace escaso tiempo.

Al estallar el petardo se produjo alguna alarma entre el vecindario. Acudieron varias personas al lugar del suceso, donde se encontraban ya los agentes de la autoridad instruyendo las oportunas diligencias.

Se ignora quien fue el autor del atentado al que busca la policía.

Si La Voz de Galicia pecaba a la hora de minusvalorar el hecho, El Ideal Gallego al ampliar la información el 8 de mayo de 1936, parece destacarlo, aunque no emplea el sibilino énfasis de La Voz, al menos en esta ocasión:

Detalles del atentado a una casa en reparación de la calle de Vera

----------------


El artefacto que estalló anteanoche en la casa número 1 de la calle de Vera, esquina a la travesía del mismo nombre, cuyo inmueble es propiedad del vecino del lugar del Borrallón, letra C, bajo, Enrique Longueira Pérez, de 81 años, fue arrojado al interior del edificio por una ventana y además de hacer en el piso un hoyo de unos 20 centímetros, causó desperfectos en dos tabiques y en la pared que separa la casa contigua, valorándose los daños que produjo el atentado en más de mil pesetas.

La casa está en reparación y por lo tanto no habita nadie en ninguno de los pisos.

Las obras las está efectuando un obrero que no está sindicado.


viernes, 6 de enero de 2012

Dos atentados contra una panadería en menos de un mes


La propaganda de ciertos departamentos de Historia contemporánea --a alguno que me queda cerca le acaban de ingresar en prisión por presuntos actos de terrorismo a un profesor--, no digamos ya las boberías de los señores de la memoria histórica, suele indicar que el Alzamiento estuvo patrocinado y apoyado por los potentados, multimillonarios y terratenientes. Pura propaganda. Media España no se resignó a ser asesinada, a vivir aterrorizados, o a que las izquierdas y sindicatos impusiesen su criterio violentándolos. En esa casa de tócame Roque (dicho sea con eufemismo) que era en mi opinión España durante el gobierno del Frente Popular, quiero recordar que en Santander el propietario de un bar se vio obligado a readmitir a un camarero que lo había herido de un disparo. Aquí no llegamos a tanto, pero contamos con un volumen estimable de ejemplos en los que se evidencia lo grotesca que resulta esa misma propaganda cuando repite de forma machacona que la mayor parte de las izquierdas o el sindicalismo luchaban en la guerra por la libertad, la democracia y demás en donde los hechos demuestran que no creían en tales conceptos, sino que se comportaban como meros terroristas cuando la ley no les permitía imponer su criterio.

Jesús Beriguiain Vicuña poseía una modesta panadería en el viejo número 22 de la calle de San Roque. Había despedido a un obrero por lo que tenía pendiente un pleito ante los tribunales y los sindicatos querían que lo readmitiese, a lo que no se avenía. Es sabido que los obreros, para tener trabajo, debían estar sindicados, y de no estarlo en ninguna organización o no estarlo en la CNT o UGT, eran perseguidos. También los patronos. Jesús Beriguiain no sólo no se plegaba a la imposición sindical de readmitir a un trabajador, sino que había empleado a uno que no estaba sindicado. Como consecuencia de lo anterior sufrió dos atentados en menos de un mes, que para variar, quedaron impunes... antes de iniciarse guerra.

Este panadero se encontraba en una situación de opulencia tal, que vivía en un bajo sin ventanas a la calle y tenía a su hija Sofía, de 14 años, despachando pan tras el mostrador. Sobre las 8 de la noche del 3 de abril de 1936 paró un coche frente a la panadería de Jesús Beriguiain, Viena en Coruña. Del vehículo descendieron tres o cuatro animalitos que penetraron en el establecimiento cubriendo el rostro con pañuelos; amenazaron con pistolas a la niña para que no gritase y en el pasillo de la tahona derramaron algún líquido inflamable sobre un carro de mano y unos cestos de pan, que provocaron el incendio. Este no parece haber afectado a los pisos altos debido a la pronta llegada de los vecinos y bomberos. Se incóo sumario por este hecho, que no pudo averiguar quienes fueron los autores y el caso se cerró con un auto de sobreseimiento.

En vista de que el panadero no se debió avenir a las exigencias sindicales, a las doce y cuarto de la noche del 24 de abril de 1936 le colocaron una bomba cuya explosión se oyó en gran parte de la ciudad. La insurgencia de los sindicalistas era tal, que una pareja de Seguridad venía prestando servicio en esa calle para prevenir atentados contra el panadero. A la hora indicada, pasó un coche ante la tahona que lanzó una bomba de dinamita. Al percatarse de lo anterior el agente Antonio Carreira Vila, hizo ademán de ir hacia el artefacto, seguramente para apagar la mecha. No le dio tiempo porque estalló y un casco de la metralla lo alcanzó y le ocasionó lesiones en un muslo, un orificio de entrada y salida con fuerte hematoma que fue calificado con pronóstico reservado en el Hospital. La bomba ocasionó grandes destrozos en la puerta-escaparate de la tahona, en todo el interior con rotura de algún muro, en las casas colindantes también con rotura de cristales, y en la habitación contigua en donde tenía su vivienda el panadero. La metralla mató a un "perro lobo", un pastor alemán o similar, que dormía junto a la puerta de la vivienda. Del mismo modo la metralla pasó por encima y por debajo de la cama en donde dormía el panadero con su esposa, destrozando un "armario de luna", armario ropero con espejo, que se encontraba en el dormitorio. De nuevo el juzgado incóo sumario, que no logró averiguar quienes fueron los autores del hecho y se cerró con el consabido auto de sobreseimiento. Nuestro ya conocido Manuel Abelenda Catoyra, socialista, había amenazado al panadero y fue detenido, pero no se logró demostrar que estuviese tras el atentado. También se detuvo al panadero Antonio Vidal González, sin que se lograse probar tampoco su participación en el hecho. Este individuo intentó escapar en 1937 en la famosa fuga del Portiño, siendo uno de los que fueron pasados por las armas tras consejo de guerra.

Os dejo unas cuantas noticias sobre estos hechos que publican La Voz de Galicia y El Ideal Gallego.

La Voz de Galicia, 4 de abril de 1936:

El incendio de anoche

----

¿UNA VENGANZA?

Anoche, a las ocho aproximadamente, ocurrió un incendio en una tahona propiedad de don Jesús Beriguiain Vicuña, establecida en el bajo de la casa número 22 de la calle de San Roque.

Hay quienes, por lo visto, afirman que se debió lo sucedido a una venganza.

Parece ser que un automóvil de turismo pasó por dicha calle y se detuvo a inmediaciones de dicho establecimiento descendiendo del coche tres o cuatro individuos.

Según declaró la hija del dueño de la tahona, Sofía, de 14 años, hallándose ella sola detrás del mostrador, los desconocidos individuos entraron allí tapándose media cara con pañuelos y la amenazaron con pistolas para que no chillase.

Se dirigieron por el pasillo del establecimiento vaciando unas botellas de líquidos inflamables, sobre un carro de mano y unos cestos de pan, produciéndose así el incendio.

Los aludidos sujetos, consumado el atentado, se dieron a la fuga en el coche que les esperaba.

Los daños se calculan en unas mil pesetas.

Acudieron presurosos al lugar del siniestro los vecinos y el servicio de bomberos, quedando sofocado el fuego a poco de iniciarse.

Versión de El Ideal Gallego, también de 4 de abril de 1936:

Incendio intencionado de una panadería de la calle de San Roque
------

Lo provocaron cuatro individuos enmascarados que arrojaron al establecimiento, botellas de líquido inflamable

------

Ayer noche, cuatro individuos enmascarados, que descendieron de un automóvil, penetraron, pistola en mano, en la panadería que en la calle de San Roque número 22 bajo, posee Jesús Beriguiain Vicuña, en ocasión en que se encontraba en el establecimiento una hija del dueño del mismo llamada Sofía, de 14 años, y arrojaron hacia el interior, unas botellas de líquido inflamable.

Al romperse las botellas, se inició el incendio en unas cestas, en un carro de mano y en las maderas del mostrador, amenazando con propagarse al resto de la tienda.

Los enmascarados, después de cometer el atentado, huyeron en el mismo automóvil que habían utilizado para llegar a la calle de San Roque.

Inmediatamente se demandó auxilio y acudieron los vecinos de la calle, así como los bomberos, cuya presencia se había solicitado telefónicamente.

No obstante la rapidez con que se realizaron los trabajos de extinción del fuego, éste causó daños cuya valía se ignora de momento, pero que desde luego pasa de 1.000 pesetas.

En el lugar del suceso, se personaron, con los bomberos y los vecinos de la calle, varios guardias de Seguridad, de Asalto y la policía.

Se practican gestiones para descubrir el escandaloso atentado.

Por lo que atañe al bombazo, dice La Voz de Galicia correspondiente al 25 de abril de 1936:

Ayer noche estalló una bomba

----

UN ACTO DE SABOTAJE

Ayer, a las doce y cuarto de la noche, se oyó una gran detonación en gran parte de la ciudad.

Partía del Campo de la Leña
[hoy plaza de España], hacia la calle de San Roque. Lo ocurrido fue que desde un automóvil de turismo que por allí pasó a dicha hora, lanzaron una bomba contra la puerta de la tahona y establecimiento de pan, denominado "Pan de Viena", situada en dicha vía, número 22, bajo, propiedad de don Jesús Veregaisa Vicuña.

En la casa esquina a la calle del Tren, donde hay un establecimiento de lechería, estaba a la sazón estacionada una pareja de guardias de Seguridad que vigilaba precisamente dicha tahona.

Uno de los guardias vio lanzar el artefacto e hizo intento de lanzarse a recogerlo.

Antonio Carreira Vila, que así se llama el celoso agente, no pudo atajar la explosión contra la panadería, como procuró aún con riesgo de su vida, porque la bomba --ya que de una bomba se trataba-- hizo súbita explosión y un casco de metralla fue a herirle de consideración en una pierna.

Le auxilió su compañero, y se le condujo a la Casa de Socorro del Hospital, donde fue asistido por el médico y practicante de guardia señores López del Castillo y Quián.

Presentaba una herida por casco de metralla, con orificio de entrada y salida en la cara posterior del tercio inferior del muslo derecho, con gran hematoma. Su estado fue calificado de pronóstico reservado. Quedó ocupando una cama en el Hospital municipal.

La explosión de la bomba originó grandes destrozos en la puerta-escaparate del citado establecimiento, en todo el interior de la tienda y en la habitación contigua a ésta, donde tiene su dormitorio el mencionado industrial, que resultó ileso por milagro lo mismo que su esposa. El matrimonio se hallaba acostado en aquel momento.

La metralla mató a un hermoso perro lobo que estaba tumbado en el quicio de la puerta de la habitación de referencia.

Los cascos de la bomba pasaron por debajo y por encima de la cama, yendo a destrozar un armario de luna que estaba al fondo del cuarto.

Calculen los lectores el susto de los esposos y el riesgo corrido.

Una hija suya, de unos 18 años, dormía en otra habitación de otro lugar de la casa y tampoco experimentó daño.

Las pérdidas son de importancia relativa.

La casa tiene tres pisos, todos ellos están habitados por conocidas familias que sólo tienen relación de vecindad con el perjudicado industrial.

Este, como se sabe, tiene pendiente un pleito de carácter social por no readmitir a un operario, y parece que tiene empleado a otro sin asociar.

Acudieron rápidamente al lugar del suceso fuerzas de Asalto y Seguridad con sus jefes el comisario jefe de Policía con agentes a sus órdenes y Guardia civil, y más tarde el Juzgado de instrucción de guardia.

Se incoaron activas diligencias.

El automóvil, con los autores del atentado, que no se sabe cuantos sean, desapareció velozmente. Llevaba el faro piloto apagado y no llegó a detenerse.

Como se recordará no hace mucho que desde otro automóvil lanzaron contra la tahona unas botellas de líquido inflamable.

Versión de El Ideal Gallego correspondiente al 25 de abril de 1936:

Anoche estalló una potente bomba en una panadería

------------

Resultó herido un guardia de Seguridad

---------------

A las doce y cuarto de la noche de ayer, estalló una bomba que había sido colocada al lado de la puerta de entrada a la panadería que en la calle de San Roque, 22, posee don Jesús Beriguiain, causando el artefacto grandes destrozos en el inmueble, y heridas a un guardia de seguridad.

Varias casas de los alrededores sufrieron las consecuencias de la explosión, resultando rotos todos los cristales de galerías y ventanas, en un radio bastante extenso.

Hace mes y medio, poco más o menos, se cometió otro atentado en la panadería referida, a la que arrojaron botellas de líquido inflamable desde un automóvil, varios enmascarados.

En este nuevo atentado, además de los serios desperfectos que la bomba causó en la casa (rotura de dos puertas y derrumbamiento de parte de la pared), resultó herido de consideración el guardia de Seguridad Antonio Carreira Vila, que con su compañero Darío Fernández Guitián, estaba de servicio por aquellos alrededores, hallándose cerca del lugar del suceso al estallar el artefacto.

El señor Carreira Vila, que fue llevado a la Casa de Socorro del Hospital, ha sido curado de urgencia por el médico de guardia señor López del Castillo y practicante señor Quián, los que le apreciaron una herida de metralla, con orificio de entrada y salida, en un trayecto de cuatro centímetros, en la cara posterior, tercio inferior del muslo derecho, y fuerte hematoma en la misma región.

Después de asistido de urgencia, el guardia fue trasladado en la ambulancia municipal a su domicilio, sito en la calle de Moreno Barcia
[hoy Ramón del Cueto], número 9, tercero, derecha.

A los pocos momentos de haber estallado la bomba, se personaron en el lugar del suceso fuerzas de la Guardia civil, Seguridad, Asalto y Agentes de Investigación y Vigilancia, con sus respectivos jefes. Se ignora quien fue el autor de la colocación de la bomba, al que busca la Policía.

El motivo del atentado parece ser que es por cuestión social, pues el señor Beriguiain tiene un conflicto en su panadería desde hace algún tiempo.

La explosión del artefacto se oyó en toda la población y causó gran alarma en el vecindario.

Las personas que se encontraban en los cafés se echaron a la calle, y en un principio corrían desorientadas de un lado para otro, pues mientras unos decían que el estallido había sido hacia la parte de la Estación, otros manifestaban que el ruido procedía del Campo de la Leña.

Al saberse que el atentado se cometiera en este último lugar, fueron muchas las personas que se trasladaron allí, pero no han podido acercarse a la casa número 22 de la calle de San Roque, porque las fuerzas tenían acordonada dicha vía.

De momento se ignora la cuantía a que ascienden los daños que la bomba produjo en la panadería, aunque se calcula son bastante elevados.

Amplía El Ideal Gallego el 28 de abril de 1936 informando que se detuvo al socialista Manuel Abelenda Catoyra y a Antonio Vidal González:

Del atentado a la tahona de la calle de San Roque

---------

Prosiguiendo las diligencias correspondientes al atentado que a las doce de la noche del viernes último se efectuó en la panadería que en la calle de San Roque número 22 posee don Jesús Beriguiain Vicuña, la policía detuvo y puso a disposición del juez de instrucción de la Audiencia, a Manuel Abelenda Catoyra, de 26 años, vecino de la calle del Tren.

A este individuo se le acusa de haber hecho personalmente al señor Beriguiain objeto de amenazas.

--Al saber que se le buscaba como complicado en dicho acto de sabotaje, se presentó espontáneamente a la policía, Antonio Vidal González, de 32 años casado, con domicilio en la calle del Orzán 203 primero.

También fue puesto a disposición del Juzgado de instrucción del distrito de la Audiencia, cuya autoridad está encargada de la práctica del oportuno sumario por dicho suceso.


La imagen de Cancelo fue publicada en El Ideal Gallego de 26 de abril de 1936.



domingo, 1 de enero de 2012

El bombazo del café Iberia: un muerto y tres heridos


Durante la II República hay que distinguir tres tipos de artefactos explosivos: bombas, que ocasionaban graves daños y podían producir muertos y heridos como en el caso del ejemplo que veremos; petardos, que generaban alarma social por el estruendo, pero escasos daños materiales y lesiones en las personas que por lo común eran compatibles con la vida; petardos infantiles, que eran lo que hoy conocemos por petardos.

Sobre las diez y media de la noche del 23 de mayo de 1936 estalló una bomba en el vestíbulo del café cantante, Iberia, instalado en los bajos de los números 15 y 17 de la avenida de Fernández Latorre, bajos que entonces se comunicaban. Además de los daños materiales valorados en 1.200 pesetas de la época, el bombazo produjo lesiones tan graves a Juan Abeledo Galán, de 22 años, camarero, que determinaron su muerte; Amaro Babío Baldomir, de 21 años, peón, presentaba lesiones que obligaron a amputarle la pierna izquierda por su tercio medio y una parte del pie derecho. Los otros dos heridos José Sexto Sánchez, de 18 años, empleado, y Manuel Varela Sande, de 24 años, peón, presentaban heridas leves y fueron curados en la Casa de Socorro de Santa Lucía pasando a sus respectivos domicilios, aunque parece que el juez dispuso su ingreso en el Hospital. Como no podía ser menos, el sumario no logró averiguar quienes fueron los autores del hecho y la causa se cerró con un auto de sobreseimiento; por otra parte, los estudiosos de este período tuvieron sumo cuidado en silenciar este y otros hechos, unos por compasión acrítica hacia los represaliados durante la guerra, y otros sin duda para construir esa imagen de Arcadia feliz, paraíso de libertades y democracia que durante años colaron de forma incontestada sobre aquella república.

Os dejo con varias noticias que publica El Ideal Gallego, y no transcribo las de La Voz de Galicia porque alguna mano torpe arrancó un fragmento de la noticia que publica este periódico en el ejemplar digitalizado correspondiente al 25 de mayo de 1936, que consulté en una biblioteca. De lo que quedó sin rasgar, se colige que el sindicato de camareros La Herculina, con toda probabilidad anarquista, se desmarca del hecho y manifiesta que no tenían ningún conflicto con los propietarios del café Iberia. Por su parte, Radio Comunista de La Coruña, cuyas notas de prensa y actividades eran prácticamente desconocidas, aprovecha la ocasión para agitar atribuyendo el hecho a una provocación fascista ¿Sería en realidad un atentado comunista? Si tuviese que atribuirlo a alguna organización yo apostaría por los comunistas, por lo inédito de su nota de prensa, o tal vez por la FAI, al menos a juzgar por otras bombas también potentes que en estas fechas se colocaron en una panadería de la calle de San Roque, artefacto que ocasionó lesiones graves a un guardia de Asalto y la muerte de un "perro lobo"; o la que se hizo explotar en una barbería de la calle de San Andrés que produjo grandes daños, incluso el desempotramiento de una viga. Ya nos ocuparemos de esto. Tal vez se les fue la mano. El silencio del semanario anarquista Solidaridad, tanto por lo que se refiere a la explosión y sus resultados, como sobre el traslado del fallecido al cementerio --al que acudieron representaciones del Ayuntamiento, organizaciones obreras y juveniles, según La Voz de Galicia de 30 de mayo de 1936-- el silencio del semanario anarquista, digo, me parece significativo.

Por último, se da el caso de no haberse tributado ningún homenaje o reconocimiento público, (placa, calle, monumento, etc.), al fallecido o a los heridos en este atentado, ni durante la República ni en el Franquismo; y ya sería extraño que habiendo sido pasados por las armas durante la guerra aquellos individuos más exaltados y peligrosos para el mantenimiento del orden público en la ciudad y su entorno, creo posible y casi me atrevo a decir que probable, que los asesinos aparezcan en el monumento que los señores de la memoria histórica dedicaron a los que dicen represaliados por el Franquismo. El mundo el revés. Sea todo por la pasta de las subvenciones, por ocupar los correspondientes carguitos (remunerados, of course) y por deslegitimar la democracia y el estado de Derecho bajo el que vivimos.

Se lee en El Ideal Gallego de 24 de mayo de 1936:

Estalla una bomba en un cafe
de esta capital

-----------

Resultan cuatro heridos

---------

Poco después de las diez y media de la noche de ayer, estalló una bomba en el café cantante denominado "Iberia", establecido en la avenida de Fernández Latorre número 15, cuyo artefacto había sido colocado en la parte derecha del vestíbulo y a causa del atentado resultaron heridos cuatro jóvenes que se encontraban cerca de la puerta de entrada.

Se llaman estos, Amaro Babío Baldomir, de 21 años, peón, vecino de la calle de la Falperra letra B; Juan Abeledo Galán, de 22 años, camarero, de la Falperra letra M; José Sexto Sánchez, de 18 años, empleado, vecino de la calle de Juan Castro Mosquera, 35 bajo, y Manuel Varela Sande, de 24 años, peón, de la calle de Sinforiano López 19.

El café sufrió grandes desperfecto quedando rotos todos los cristales, y completamente destruida la puerta de entrada, así como el vestíbulo. También rompieron por efecto de la explosión, los cristales de las casas inmediatas y los de las casas de la acera de enfrente.

Los cuatro jóvenes heridos fueron trasladados a la Casa de Socorro de Santa Lucía, y en aquel centro fueron curados por el médico de guardia señor Lastres y practicante señor Quintanilla, auxiliados por los médicos señor Losada y don Javier Sánchez, y practicantes señores Dopico, Contreras, Cabanillas y Martínez Martínez, que al enterarse del suceso acudieron a la Casa de Socorro por si eran necesarios sus auxilios.

A Babío Baldomir se le apreciaron grandes desgarros por metralla en el pie derecho con pérdida de tejidos blandos y óseo: pérdida de parte del astrágalo del pie izquierdo y pérdida de los tendones del mismo, y heridas en la cara cabeza y cuello.

Abeledo Galán, presentaba erosiones en piernas y muslos; herida por fragmento de metralla en la región glútea izquierda con 15 centímetros de profundidad; herida con orificio de entrada y salida en el brazo izquierdo y schock traumático.

Estos dos heridos, cuyo estado se calificó de grave, pasaron al Hospital de Caridad, donde quedaron hospitalizados.

José Sexto Sánchez, presentaba erosiones en las piernas y una herida por metralla, que interesa piel y tejido en la parte posterior de la pierna izquierda, en su tercio inferior. Leve salvo complicaciones.

Varela Sande presentaba herida por proyección de fragmento de metralla en el tercio inferior, cara interna del muslo izquierdo. Leve salvo complicaciones.

Estos dos heridos pasaron a sus respectivos domicilios.


DILIGENCIAS JUDICIALES

Desde los primeros momentos de ocurrido el suceso se personó en el café "Iberia" el Juzgado de instrucción de guardia para llevar a la práctica las diligencias propias del caso.

También se personaron allí varios números de la Guardia civil, de asalto, de seguridad y de la policía con sus respectivos jefes.

Dichas autoridades, estuvieron también en la Casa de Socorro, donde tomaron declaración a los heridos, y a numerosos testigos. La labor judicial en dicho centro benéfico terminó entrada ya la madrugada.

El "Café Iberia" lo había comprado en los primeros días de este mes don Juan Castro en compañía de sus hermanos.

Por ahora se ignora la cuantía a que ascienden los desperfectos causados por el atentado, así como los autores del mismo.

El gobernador parece que demostró su interés en que el hecho no quede impune.

Uno de los heridos, Juan Abeledo Galán, camarero, había regresado hace tres días de África, donde cumplió sus deberes militares.

***

En el Hospital de Caridad hubo necesidad de amputarle a Babío Baldomir la pierna izquierda por su tercio medio y el pie derecho por el muñón, operación que realizaron los doctores Rey Grimaldos, Cuñarro y Castillo y el practicante señor Fuentes Otero.

Sigue informando El Ideal Gallego, el 26 de mayo de 1936:

Los heridos por la bomba del café Iberia continúan en el Hospital

------------

[El titulín que ocupaba este espacio fue eliminado por la censura republicana]
------------------

Dentro de su estado de gravedad, continúan en el Hospital, obteniendo cierta mejoría, Juan Abeledo Galán y Amaro Babío Baldomir, heridos por efecto de la explosión de la bomba que estalló el sábado por la noche en el "Café Iberia", de la avenida de Fernández Latorre, número 15.

También están en el Hospital los otros dos heridos en el suceso, José Sexto Sánchez y Manuel Varela Sande.

El estado de estos dos jóvenes había sido calificado de leve, salvo complicaciones, y ambos, después de ser curados de urgencia, habían pasado
[sigue línea y media recortada por la censura republicana] al Hospital a órdenes emanadas del juez de instrucción que entiende en las diligencias propias del suceso referido.

Con el fin de ampliar dichas diligencias, estuvieron ayer mañana en dicho Centro benéfico, tomando declaración a los cuatro heridos, el teniente fiscal de esta Audiencia señor González Villamil y el juez de instrucción del distrito del Instituto, señor Roberes García, con el secretario señor Otero Calviño y oficial don Manuel Pena Vila.

También prestaron declaración ante dichas autoridades, los tres hermanos señores Castro, propietarios del café objeto del atentado, así como algunos vecinos de la Avenida de Fernández Latorre, y otras personas.

De las diligencias judiciales se guarda gran reserva.

[Siguen tres líneas en blanco, recortadas por la censura republicana].

Última noticia de El Ideal Gallego sobre este hecho, que publican en su número de 30 de mayo de 1936:

Uno de los heridos por la bomba del Café Iberia, falleció ayer en el Hospital

A las cuatro de la madrugada de ayer falleció en el Hospital de Caridad Juan Abeledo Galán, de 22 años, soltero, camarero, vecino de la calle de la Falperra, letra M, que había resultado gravemente herido por efecto de la bomba que estalló días pasados en el café Iberia, de la avenida de Fernández Latorre, número 15.

El cadáver del infeliz joven estuvo en el Depósito del Hospital, velado por sus familiares y algunos amigos, hasta las seis de la tarde, hora en que se verificó el entierro.

Por orden judicial, el cadáver quedó en el anfiteatro de la Necrópolis, hasta hoy al mediodía, que se le practicará la autopsia.

Juan Abeledo, cuando resultó herido por la bomba, hacía dos días que había regresado de África de cumplir sus deberes militares.

Por efecto de la explosión de dicho artefacto, Abeledo había sufrido diversas heridas en piernas y muslos; una herida de quince centímetros de profundidad, producida por fragmentos de metralla, en la región glútea izquierda; una herida por metralla, con orificio de entrada y salida, en el brazo izquierdo, y shock traumático.

Su estado se había calificado en la Casa de Socorro, al practicarle la cura de urgencia, de carácter grave.

*****
Los otros tres heridos en el mismo suceso, Amaro Babío Baldomir, Manuel Varela Sande y José Sexto Sánchez, continúan en el Hospital de Caridad.

A Babío Baldomir como recordarán nuestros lectores, se le había amputado la pierna izquierda por su tercio medio superior, y el pie derecho, por el muñón, y también se calificara de grave su estado



¡FELIZ AÑO NUEVO! (para casi todos)

San Martín, Rogelio Blanco y una medalla militar colectiva


Ya conté en cierta ocasión que tenía yo una parienta que cuando se cogía un dedo con una puerta, en lugar de hacer lo que haríamos algunos bajando todos los santos y santas de la corte celestial, o soltando una horrible blasfemia que diría Gil Robles :-) ventilaba el dolor tan sólo con un ¡Virgen Santísima de los Dolores! Cuando se iba a bañar en las aguas de Riazor, que no son las del Mediterráneo, en lugar de salir con el habitual aaaaaaaaaaay que fríiiiiiiiiiiiiaaaaaaaa, se zambullía exclamando ¡por España!

En el día de ayer, vencidos y derrotados los (mamarrachos) de la memoria histórica, fue destituido Rogelio Blanco, que se lo tenía muy creído y muy merecido. La guerra ha terminado. Como creo que en esta campaña el mérito ha sido de la mayoría, me permito otorgar la Medalla Militar Colectiva en Sanidad --que es la que tengo en casa--, a todos los lectores de mi blog.

¿Que van congelar los sueldos? ¡Por España! ¿Que hay que pagar más impuestos? ¡Por España! ¿Que habrá que trabajar más? ¡Por España! Como le dijo D. Juan al Rey: Majestad, ¡por España! ¡Todo por España! O lo que es lo mismo: por nuestros conciudadanos; por nuestra prosperidad y sobre todo por los que pasan momentos de dificultades. Por lo que nos une y contra lo que nos separa; y también contra los que, como Rogelio Blanco, pusieron todo su nefando empeño en separarnos buscando miras personales o de partido y no el bien común.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Los de la Lejía: imponiéndose al Juzgado


Como hacía ya tiempo que no me ocupaba de mis revolucionarios favoritos, vamos con otro episodio en el que se evidencia su carácter, que no era precisamente el de fieles cumplidores de la ley, sino de revolucionarios o antisistema que diríamos hoy. Dice nuestra Constitución que el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social. Un revolucionario busca cambiar el orden político y para ello no cumple con la ley y turba la paz social ¿o no?


Ramón Regal poseía un negocio en la calle de Panaderas, que pese al hábil interrogatorio a que sometí hoy a un grupo, no hubo acuerdo si era una tienda de paraguas y otros objetos, o un bazar en el que se vendía loza. Sea como fuere, no se trata de un multimillonario, terrateniente, ni demás que repite la propaganda como integrante de las bases que apoyaron el Alzamiento y encontraron en él una liberación al acoso y persecución que sufrían. Era sólo un pequeño comerciante al que los socialistas, anarquistas y demás, tenían por enemigo del proletariado. La madre de Regal poseía un bajo en la calle del Hospital inmediato al callejón de Tabares, del viejo barrio chino. Este bajo lo tenían alquilado al pintor (de brocha) Emilio Gayoso, que lo empleaba como almacén. Después de faltar al pago del alquiler durante diez meses lo denuncian al Juzgado Municipal del Distrito del Instituto y tras el juicio verbal civil correspondiente, el juez Luis Vidal Rodríguez --depurado posteriormente-- dicta sentencia el 27 de marzo de 1936 desahuciando al inquilino.

El 20 de junio se presenta una comisión del mismo juzgado municipal formada por el secretario y el alguacil acompañados de Regal para proceder al lanzamiento. Se encuentran al inquilino, que no se aviene y se retira mientras comienza a congregarse gente. Como se había llamado también a unos empleados de la cuadrilla de limpieza por si era preciso desalojar por la fuerza el local, comienzan estos a sacar los materiales hasta un antepatio inmediato a la calle en espera de que llegase un camión del mismo servicio de limpieza --eran vehículos con una simple caja posterior abierta-- en el que transportar los cacharros del pintor hasta las caballerizas municipales de la calle de las Bombas. No se pudo verificar el lanzamiento porque frente al local se estacionó parece que bastantes mujeres y chiquillos, que increparon a la comisión del Juzgado y a Ramón Regal en especial. De nuevo tenemos a mujeres y como veremos prostitutas, en disturbios patrocinados por miembros del Frente Popular (¿chusma de mujeres? Silva Ferreiro dixit).

Según informe policial, dos prostitutas vecinas de Tabares, la Campanera y la Portuguesa, buscaron protección para evitar el lanzamiento, y no fueron a por un proxeneta, sino que acudieron a por los que eran los cheches, los chulos por antonomasia de aquel barrio: los hermanos de la Lejía. Allí llegaron Bébel y France al frente de unos 15 individuos, que encarándose a la comisión judicial le comunicaron que no se podía hacer ningún desahucio. Volvieron los objetos al interior del almacén operación en la que la Campanera los ayudó, y la comisión, en vista de que carecía de fuerza que la amparase suspendió el lanzamiento. Durante estos incidentes parece que también increparon a Regal varios individuos (incluso profieriendo alguno amenazas de muerte), entre los que estaban nuestro ya conocido Manuel Abelenda Catoyra y Manuel Santalla Portela, éste de 15 años. Suspendido el lanzamiento, llega Ramón Regal a su casa y al poco recibe un anónimo por debajo de la puerta en el que se le exige que pare el desahucio:

Regal si no quiere que sucedan perjuicios de mas importancia suspenda el desaucio del inquilino del almacén de Tabares Taller de Pintura.

Esos perjuicios no hay para qué decir que podían ser un asalto, un boicot, un incendio, una agresión y hasta su muerte o la de algún pariente. Me llaman la atención varios hechos. En primer lugar, el lanzamiento definitivo --en el que la comisión del Juzgado se encontró la puerta del almacén clavada por dentro-- se produce el 31 de agosto de 1936 y no fue hasta 27 de agosto en que se dedujo un testimonio para proceder a la incoación del correspondiente sumario por atentado a la comisión judicial ¿No sería lo lógico que si el intento de lanzamiento se produjo el 20 de junio, que el 21 o 22 del mismo mes el juez municipal diese cuenta del atentado o resistencia a los agentes de la autoridad al juez de instrucción para que este proveyese para incoar sumario? El juez municipal del Distrito del Instituto era Luis Vidal Rodríguez, quiero recordar que vinculado a IR o Unión Republicana, y depurado al comenzar el Movimiento pese a su parentesco con el delegado militar en los servicios municipales, capitán José Fuciños Gayoso. En segundo lugar, insisto en que Ramón Regal no era un potentado. Era un pequeño comerciante que defendía sus derechos. Si en aquella sociedad había muchos obreros que seguían ciegamente a los de la Lejía o a la CNT, también había muchos pequeños propietarios como Regal --que insisto una vez más en que no era un banco ni ejecutaba el lanzamiento en una vivienda-- que no estaban dispuestos a declinar de sus derechos, de la propiedad del bajo en cuestión por ejemplo, o del respeto al contrato firmado. Como Regal, media España acabó hasta donde cualquiera se puede imaginar de las chulerías, de las coacciones y claro, con el temor de que aquello adquiriese carta de naturaleza y el gobierno cediese la propiedad a los inquilinos como cedió la propiedad de tierras y fincas que fueron okupadas. Recuerdo ahora que las dependencias de los Jesuitas conocidas como Kostkas y Luises fueron okupadas durante el recuento electoral de febrero del 36, precisamente por las Juventudes Socialistas, que instalaron allí su Casa del Pueblo y al igual que ocurrió con el bajo de Ramón Regal, tuvieron que ser los alzados en julio quienes los echaron, o quienes devolvieron el bajo a la madre del comerciante.

Os dejo mis notas.


jueves, 22 de diciembre de 2011

José Ignacio Wert y la memoria histórica


He de confesaros que hasta ayer no sabía nada de José Ignacio Wert. Me suena su cara, seguramente de haberlo visto en alguna tertulia televisiva, pero nada más. Por todo ello me puse a buscar información para conocer como respira el nuevo ministro de ECD sobre la memoria histórica, y tengo que decir que sentí un cierto alivio. Parece una persona razonable, de la que se puede discrepar en cuestiones de matiz, pero equilibrado, tolerante, y sobre todo con una formación inimaginable en Ángeles González Sinde, la Pajín, Chacón, Aído o el inefable Pepiño, al menos si los comparo con dos artículos que publicó Wert en El País, que dieron origen a una serie de réplicas en las que la opinión de Wert se sostiene por su propio peso.

Decía Wert el 21 de enero de 2006 en su artículo ¿La historia interminable?

Se han cumplido 30 años de la muerte de Franco. En unos meses, se cumplirán 70 del comienzo de la Guerra Civil. Y, de no ser por los empeñosos empeños editoriales y la oficiosa oficialidad conmemorativa que una y otra efemérides suscitan, ambas pasarían desapercibidas para el común de los ciudadanos, lo que es la mejor noticia sobre la salud política básica de los españoles que cupiera imaginar.

Sin embargo, es sabido que las efemérides las carga el diablo. Y en este caso, las mismas se hilan con el propósito de forzar la consagración de una definitiva relectura de nuestra historia contemporánea no menos maniquea que la que impuso el franquismo mientras pudo. En un artículo de Javier Cercas en EL PAÍS del 29 de noviembre pasado (Cómo acabar de una vez por todas con el franquismo) creo que se resume adecuadamente el espíritu y la letra de esa relectura en la siguiente frase: "Había una vez en España una República democrática mejorable, como todas, contra la que un militar llamado Franco dio un golpe de Estado. Como algunos ciudadanos no aceptaron el golpe y decidieron defender el Estado de derecho, hubo una guerra de tres años. La ganó Franco, quien impuso un régimen sin libertades, injusto e ilegítimo, que fue una prolongación de la guerra por otros medios y duró 40 años". A esa lectura se apunta con entusiasmo la izquierda que nos gobierna.

A mi juicio, el problema que suscita esta nueva verdad oficial no está en la demonización del franquismo, sino en la beatificación de la República. La descripción del régimen de Franco que despacha Cercas en las líneas anteriores es algo simplista y omite aspectos esenciales (como, por ejemplo, la propia evolución del franquismo), pero no puede decirse que sea falsa.

Sí es en cambio, a mi entender, radicalmente errónea la frase que describe a la República. La República no fue un régimen democrático mejorable como todos. Fue un fracaso de la democracia al que contribuyeron revolucionarios y contrarrevolucionarios en semejante medida. Lo fue, además, casi desde el principio, pero, sobre todo, lo fue en el periodo final, el inmediatamente antecedente a la Guerra Civil, como demuestran, a mi juicio de forma poco discutible, trabajos recientes de historiadores tan solventes como Stanley G. Payne.

Simplemente hagamos el ejercicio de transponer la historia de esos meses convulsos a la actualidad. Imaginemos que en el lapso de unos pocos meses se hubieran producido en torno a 300 muertes violentas en incidentes políticos, y entre ellas, la del jefe de la oposición parlamentaria, a manos de agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Alguien en sus cabales hablaría, en tal situación, de un "régimen democrático mejorable"?

La cuestión está en que un fracaso colectivo -como fue la República- no tiene por qué constituirse retrospectivamente en el mástil mora al que amarrar la nueva democracia. Esto es tan erróneo -y tan autodestructivo- como lo sería pretender que la legitimidad de la actual democracia que disfrutamos se ancla en las previsiones sucesorias del franquismo.

Pero eso, con ser malo, no sería lo peor. Lo peor es que el intento trae consigo una deslegitimación implícita de uno de los pocos procesos de nuestra historia contemporánea del que tenemos razones para sentirnos orgullosos o, al menos, satisfechos: la transición. El corolario de esa relectura es, efectivamente, que la transición no da lugar a una verdadera democracia, dado que los condicionamientos de la misma no permitieron hacer justicia a las víctimas del franquismo ni superar sus tabúes, y ello vicia las bases morales del nuevo régimen democrático.

Ése es el disparate. La transición española es casi un milagro histórico. Despreciar su valor como piedra angular de nuestra democracia es renunciar a una de nuestras mejores páginas de historia colectiva. Pero, sobre todo, es aventurarnos de nuevo en una senda de incertidumbre. La historia más reciente es pródiga en ejemplos de transiciones fallidas (sin ir más lejos, en los Balcanes o en algunos países del Este de Europa). Todas tienen en común un rasgo: en ellas, el deseo de vindicación de un pasado -por irreal, mitológico o fantasioso que éste sea- se hace más fuerte que la voluntad de construir un futuro. Esas transiciones fallidas han dado lugar a quiebras de los Estados -donde la falla histórica tenía un contenido étnico, como en los Balcanes-, a inestabilidad política, a fracaso económico y, lo peor, se han cobrado en ocasiones un costoso tributo en sangre.

Por eso, la cuestión no es académica ni teórica. Los asuntos del espacio público que ocupan el lugar central de la agenda política están refractados por ese prisma revisionista, y así nos va. Especialmente, el debate sobre el modelo territorial.

Parece que hubiera que revisar la configuración del Estado de las Autonomías para ir a una filosofía más declaradamente federal porque el sistema actual no puede dar cauce a las aspiraciones de autogobierno de vascos y catalanes. Y todo ello porque las hipotecas de la transición impidieron un rediseño del Estado tan amplio como hubiera sido necesario.

Ese argumento no se sostiene ni teórica ni históricamente. El nivel de autogobierno catalán y vasco en la República era inferior al que los propios Estatutos de Sau y de Gernika consagran. Ninguno de los dos tuvo tiempo de consolidarse y, además, ambos constituyeron, cada uno a su modo, fuentes de riesgo, amenaza y deslealtad para la República. No hay nada que mirar en ese espejo: felizmente, en casi nada nos parecemos.

A estas alturas, echar atrás la vista 70 años tiene mucho más sentido para evitar los errores del pasado que para buscar inspiración en futuros aciertos. Porque hoy ya no podemos dar por buenos los versos de Gil de Biedma ("De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal..."). Pero siempre corremos el riesgo de dejarnos llevar por estos otros de las Glosas a Heráclito de Ángel González: "Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra / se hacen las dos con sangre, se repiten".


Como dicen en Santiago de Compostela: ¡Alabado sea Dios!




martes, 20 de diciembre de 2011

Más sobre el mitin comunista suspendido con la Pasionaria detenida


Ya me ocupé en otra anotación del mitin comunista que se celebró el 1 de enero de 1936 que resultó suspendido por el delegado del gobernador civil en vista de los disturbios producidos, y del que también resultó la Pasionaria detenida. Se celebró en el antiguo Palacio Provincial, sede entonces del Gobierno Civil, Diputación Provincial, Comisaría de Investigación y Vigilancia, y teatro Rosalía de Castro, siendo este último el lugar del edificio en donde se desarrolló el acto. Ese escudo que veis sobre el frontón triangular poseía una corona, que se eliminó durante la II República, y ni durante el Franquismo ni en Democracia se repuso.

Al suspenderse el acto por el delegado de la autoridad, entraron los de Asalto en el teatro y se les lanzó un madero desde las localidades altas que no alcanzó a ningún agente. Pese no tener obligación, al haber sido atacada la fuerza, el jefe de las mismas dio tres toques de atención para que se desalojase el lugar, pero como el público seguía en la misma actitud insultante y amenazadora, ordenó que la fuerza despejase el coliseo. Como consecuencia de lo anterior y de los incidentes que se produjeron en el desfile --que así denominaban a la salida por parte del público de un acto--, se presentó en Comisaría a Tomás Baños Ordóñez, estudiante de 23 años, porque al disolver los de Asalto el mitin se dirigió a ellos acordándose de sus progenitoras y dando vivas al proletariado. Al tratar de detenerlo en vista de las injurias proferidas, se dio a la fuga persiguiéndolo la Policía que lo detuvo en las inmediaciones del edificio de Correos, entonces en construcción.

También se detuvo a Luis Peña Pérez, de 35 años, oficial de Correos, que al suspenderse el acto comenzó a entonar la Internacional, coreada por el público; prorrumpió en gritos insultantes para la fuerza, que si desgraciados (insulto casi perdido hoy pero muy grave en la época), que si hijos de tal, que si cabrones, que si brutos, y ofreció resistencia a los agentes de la autoridad para ser conducido a Comisaría.

Se detuvo igualmente a Severino López López, de 32 años, jornalero, porque era uno de los que más se distinguían en los grupos, y después de llamarle la atención, lanzó gritos de arenga al público, levantó el puño en alto contra la fuerza en actitud amenazante y manifestó que tomarían venganza.

Del mismo modo se detuvo a Niceto Sanjosé Aguilera, de 40 años, fotógrafo, que también se resistió a la fuerza cuando se le detuvo, y por prorrumpir en gritos insultantes hacia esta mientras se dirigía a los grupos.

Asimismo resultó detenido José López Castiñeiras, de 35 años, jornalero, que daba vivas al comunismo mientras arengaba a la turba y dirigía insultos a los policías.

Por último, se detuvo a Dolores Ibarruri Gómez, de 40 años, "sus labores", porque durante el mitin invitó a hacer la revolución y también injurió a los agentes de la autoridad al pedir al público que no tomasen los colchones con los que se decía que la derecha compraba votos, porque esos colchones no sirven más que para descansar los cuerpos deshechos de nuestros maridos e hijos maltratados en las comisarías y cuarteles.

Todos salvo la Pasionaria fueron procesados, pero se salieron de rositas con la amnistía que promulgó el Frente Popular en cuanto llegó al poder. Los procesados, salvo Tomás Baños Ordóñez --según informe del alcalde luego fusilado, Alfredo Suárez Ferrín--, observaban mala conducta.

La versión anterior está basada en las declaraciones de la Policía. Los detenidos eran comunistas y como los comunistas descafeinados de ahora o los señores de la memoria histórica, no dicen una verdad, u ofrecen una versión manipulada. En este sentido uno de los elementos de mayor interés en este sumario se encuentra en varias hojas clandestinas de propaganda comunista, que son un ejemplo de agitación que cuajaba en aquellas masas analfabetas y por lo tanto sin criterio. Os invito a comparar estos textos con otros de agitación actuales como pueden ser los que aparecen en el diario Público o en los textos propagandísticos de los señores de la memoria histórica. Por ejemplo: realizan un trabajo de zapa en los cuarteles empleando la demagogia más pedestre, indicándose por ejemplo que los reclutas eran "arrancados" del campo, que el reclutamiento llevaba el hambre a las familias (mencionan explícitamente madres, hermanos, compañeras, novias, con lo cual el efecto demagógico se agudizaba) como si el ejercito soviético que tanto admiraban no tuviese reclutamiento forzoso; los mismos comunistas que ahora venden como defensores de la democracia (será la popular), animan a los soldados a aprender el manejo de armas para poner esos conocimientos al servicio de la revolución; los mismos demócratas comunistas y socialistas califican a la revolución de octubre del 34 como glorioso movimiento de octubre, o gloriosa epopeya, vamos, que de arrepentimiento nada de nada, todo ello en medio de la misma demagogia y disparates sobre no sé qué movimiento que preparaba Gil Robles, por supuesto sin aportar prueba alguna; eso sí, estaban dispuestos a completar el trabajo de los heroicos mineros Asturias, pues lo suyo era ir a un triunfo amplio y definitivo de los trabajadores, que la sangre vertida por los que denominan caídos, no había sido en vano.

Comentario aparte merece una publicación que también pretende hacer una labor de zapa en los cuarteles y se titula El soldado rojo. Ni soldado comunista, de izquierdas o republicano. Ellos se consideraban soldados rojos, como los del ejército soviético al que se idealiza, y por este y otros motivos los nacionales denominaron al ejército del Frente Popular, ejército rojo. Claro que al comenzar la guerra, cuando se quiso dar una apariencia de democracia al bando "republicano" a nivel internacional, se abandonó el término rojo, pero ya vemos que era una pura apariencia. En El soldado rojo también se da rienda suelta a la agitación y a la demagogia en otros temas. Se habla por ejemplo de los muertos que hubo en unas maniobras, o de las vejaciones que sufrían algunos soldados, como siempre, sin dar los nombres de los fallecidos o vejados, etc.

Lamentablemente se aprovechaban de la ignorancia de la gente para manipularla. Como el nivel cultural de la población actual no es el de aquella sociedad, en nuestros días las políticas de agitación por antonomasia, las de memoria histórica, sólo recibieron la indiferencia de la gente. Es evidente que hay una minoría, que puede ser la misma que ve programas basura, que consulta blogs de agitación, que lee Público, o que acude a las puertas de unos juzgados cuando hay un crimen famoso o cuando declara una folklórica, en la que la basurilla puede cuajar, pero entiendo que es una minoría, gritona, amplificada por los medios, pero minoría en definitiva.

Os invito a leer los impresos clandestinos en mis notas.



martes, 13 de diciembre de 2011

Cómo perseguían a los obreros libres


Decían los viejos que la UGT y los sindicatos tributarios de la CNT mataban a los que tenían por esquiroles. No es que les privasen de la vida, que también, sino que se referían principalmente a que los perseguían, los maltrataban, procuraban que les fuese difícil suministrarse en las tiendas, les hacían la vida imposible en definitiva, buscando como objetivo que se marchasen de la ciudad. Ya conocemos el caso de Alcacio Rodríguez, en el que lo lograron. El episodio del que me ocupo hoy es un ejemplo del maltrato y persecución a que fueron sometidos los obreros que trabajaban en los fuertes militares de Punta Herminia con el Frente Popular en el poder.

Nos dice el P. Silva Ferreiro que tras la victoria del Frente Popular fueron readmitidos en las obras de los fuertes militares varios obreros que habían sido despedidos por la autoridad militar al plantear un conflicto injusto en 1934. La solución de 1936 consistió en que trabajasen los despedidos y quienes los habían sustituido. No estuvo conforme la CNT y sus obreros no acuden al trabajo, haciéndolo en cambio los sustitutos. Con tal motivo comienzan las coacciones, que mejor habría que denominar, brutales coacciones, salvajes coacciones, o algo por el estilo.

El 28 de febrero de 1936 salían al final de su jornada laboral cuatro trabajadores de las obras que se ultimaban en las fortificaciones militares de Punta Herminia: Lázaro Landeta Gardiazabal, de 41 años; su hijo Alfonso Landeta Muiña, de 16; Jesús Santos Varela, de 32; y Antonio Choren López, de 27. Antes de llegar a la calle de la Torre vieron que en ese lugar había un nutrido grupo que los esperaba, por lo que tomaron camino hacia la antigua Prisión Provincial y calle del Matadero. Poco antes de llegar a la actual Domus, comprobaron que los esperaba otro grupo de agresores, huyendo campo a través por Monte Alto, hacia la calle de la Torre mientras parece que reciben disparos. Al llegar al lavadero que había allí, se vieron acometidos por unos maleantes informativos de la época, entre los que predominaban las mujeres (¿chusma de mujeres? Silva Ferreiro dixit), que los atacaron con palos y piedras hasta que llegaron a la calle del Torreiro.

De la situación de desorden, de inhibición de las autoridades, de entreguismo del gobierno en sus bases violentas, puede dar idea otro hecho que también relata el P. Silva Ferreiro:

Los que trabajaban en Punta Herminia se encuentran sitiados de la noche a la mañana. Avisan al Gobernador y les contesta que no le es posible atenderles. Las mujeres de los sitiados quieren socorrerlos llevándoles comidas; pero esta les es arrebatada y arrojada por el acantilado. Cuatro días pasan sin comer, hasta que un Teniente de la Guardia Civil consigue llevarles provisiones de boca.

Tal vez alguien crea normal o medio normal que unos trabajadores estén sitiados durante cuatro días junto a la Torre de Hércules... El gobernador civil no podía hacer nada, lo mismo que en los asaltos a los locales de la URD, Renovación, Náutico, Patronal o Juventudes Católicas. No podía hacer nada porque eran sus propias bases las que se ponían al margen de la ley, no porque en La Coruña no hubiese Guardia Civil, Guardia de Asalto y hasta una buena guarnición militar. En el proceso que me da pie a esta anotación se produce uno de esos hechos, chuscos, que sólo podían ocurrir en la casa de tócame Roque que era en mi opinión España durante el gobierno del Frente Popular. El juez que instruye el sumario cita a los cuatro obreros que habían denunciado la persecución con piedras, palos y algún disparo. No aparecen, así que los vuelve a citar, y tras varios días se entera el Juzgado que los trabajadores no pueden salir de su tajo por encontrarse sitiados en Punta Herminia, así que se constituye el Juzgado en las obras para recibir las declaraciones:

Comunicándose telefónicamente desde las oficinas de fortificación de Punta Herminia, que los denunciantes a que se refiere este sumario no pueden comparecer ante este Juzgado a rendir declaración por no salir de las mismas en las cuales pernoctan para evitar agresiones, constitúyase este Juzgado en dicho punto al objeto de recibirles las declaraciones acordadas.

Otro ejemplo de la persecución que sufrían estos trabajadores que no estaban afiliados a la UGT ni a sindicatos de la CNT se dio con una señora de 65 años, Josefa Seoane, para la mentalidad de la época y la esperanza de vida, una anciana, a la que arrebataron la comida que llevaba para unos obreros de Punta Herminia y le dijeron que de no ser una anciana, le molerían las costillas XD Que humanitarias eran las mujeres del Frente Popular, porque parece que eran mujeres las agresoras. La Voz de Galicia, correspondiente al 14 de marzo de 1936, lo cuenta así:

En la mañana de ayer la anciana de sesenta y cinco años Josefa Seoane N., de la calle de Marconi, que era portadora de la comida de unos obreros, se vio agredida en la carretera de la Torre, por tres individuas desconocidas, que le arrojaron la comida al suelo, llevándole además los cacharros (al igual que hicieron a otras mujeres).

Del hecho se dio cuenta en la Comisaría de Policía y a la autoridad judicial.

Media España no es que no se resignase a ser asesinada, es que acabaron hasta los mismísimos redaños de que no se les dejase vivir.

Mis notas.




viernes, 9 de diciembre de 2011

Archivos de Defensa, partos de montes y ridículos ratones





Hace unos días, comentaba que uno de los ministerios que en cosa de archivos más se dedicó a la propaganda fue Cultura, y la reciente publicación de una relación de fondos adquiridos en los últimos años me parece una escandalosa prueba del sesgo con el que actuaron. Otro fue Defensa del que ponía como ejemplo que prometió hace varios años la desclasificación de unos documentos, y todavía estamos esperando... Ni que me leyesen. Esta misma semana sale Defensa con amplio aparato mediático, anunciando que han dado fin a un trabajo, si se me permite, del 15: la desclasificación de más de diez mil documentos anteriores a 1968. Cualquiera diría que los examinaron uno a uno. Como bien dice la noticia de El País, quieren desclasificar 41 bloques de documentos, entiendo que series o alguna división de fondo. Y lo demás es puro humo.

Tengo la impresión de que tanto con la creación en el BOE del Archivo General e Histórico de la Defensa hace unos días, como con esta desclasificación anunciada en los medios, no desarrollan nada original sino que hacen a regañadientes la política archivística que impulsó, diseñó o desarrolló Antonio González Quintana, hoy subdirector general de archivos de la Comunidad de Madrid, y entre 1994 y 2003, jefe de la unidad de coordinación de archivos militares del Ministerio de Defensa. A él se le atribuye la autoría del Reglamento de archivos militares, --que pese a no gustarme lo que puede subyacer en él de centralista para la documentación producida por los organismos periféricos de la Defensa-- es todo un señor Reglamento, que no desarrollaron los responsables de la unidad de archivos militares en el período socialista; él fue quien impulsó la construcción del Archivo General e Histórico de la Defensa, que pese a llevar funcionando varios años, lo acaban de crear en el BOE, como decía, también hace pocos días, a última hora; y él, quiero recordar que fue quien llamó la atención sobre el volumen, interés histórico y extemporáneo de la calificación de secretos de muchos de los documentos que se conservan en los archivos militares. Vamos, que si tuviese que apostar, algo apostaría a que ese informe sobre la desclasificación de 41 bloques de documentos --que en los medios se califica de patata caliente para Rajoy, no sé porqué-- ya estaba hecho desde antes de 2004 o trazado en sus líneas maestras, y se sacó de un cajón. Tras el parto de los montes me sigo quedando con la sensación de que ha surgido un ridículo ratón.


martes, 6 de diciembre de 2011

Ser falangista antes de la guerra


Ya comenté en varias anotaciones que falangistas y esquiroles --contra lo que repiten de forma machacona y sobre todo contundente los señores de la memoria histórica-- constituían minorías perseguidas y maltratadas antes de la guerra, en especial a partir del 16 de febrero de 1936. De ello hay múltiples ejemplos y recordaréis el caso del agente de Tabacalera que intentó detener a un contrabandista. Éste lo increpó llamándole fascista, con lo cual el público se echó sobre el agente, que salió ileso gracias a haberse refugiado en un establecimiento y a la intervención de unos soldados.

El 30 de abril de 1936 la Policía practicó un registro gubernativo en las casas 5 y 7 de la calle de San Juan. En la 5 se encuentra hoy instalada la farmacia y un locutorio; y en la 7, O Alfaiate y El Huevito. Al parecer, el gobernador civil había recibido una confidencia en la que se le indicaba que en un piso desalquilado de la casa número 7 de San Juan se estaba desarrollando una reunión fascista, clandestina. No perdió el tiempo, sin comprobar con rigor la verosimilitud de lo denunciado destinó al lugar a varios policías auxiliados por fuerzas de asalto para que registrasen el piso. El resultado fue negativo pese a haberse ampliado esta operación a todas las viviendas de ambos edificios.

A los pocos días, el 6 de mayo de 1936, se presentó por una tienda de la misma calle de San Juan un individuo que dijo ser policía. Preguntó a la tendera si le habían hecho un registro al vecino de la casa nº 7, 1º derecha de la misma calle. Al contestar de forma afirmativa, repuso el supuesto policía que ese vecino era muy malo por sus ideas, que era fascista, y que corrían peligro los vecinos por culpa de este hombre.

El vecino aludido era Manuel Castro Fernández, de 50 años, emigrante retornado y que se dedicaba al comercio. El supuesto policía, que resultó ser de pega, era su hermano Marcial, de 32 años, maestro nacional... Ambos hermanos se hallaban enemistados por cuestiones de intereses y según el primero, su hermano Marcial estaba tras la denuncia que dio origen al registro y era quien intentaba crear un ambiente hostil hacia él haciéndose pasar por policía y atribuyéndole una filiación fascista. El mismo día en que Marcial realiza el comentario a la tendera, Manuel acude a Comisaría aterrorizado porque se le imputaba ser fascista cuando él, tanto en el extranjero como en España, nunca había militado en ningún tipo de organización política, cosa que parece cierta porque no se encuentra en las listas de militantes de diversas organizaciones que pude consultar. El hecho de que Marcial intentase atribuirle un carácter fascista parece aterrorizarlo porque:

...puede dar lugar, de persistir en la propaganda que hace en contra suya, a que se produzca alguna alteración del orden o sea asaltado el hogar del compareciente, se le ocasionen daños en el ajuar o le incendien su hacienda, pues que, como deja dicho, el 30 de abril fueron a registrar su casa y se congregó bastante público en actitud hostil por haber creído en efecto que era fascista...

No tenían estas preocupaciones los de izquierdas, que todavía no me encontré en este período de agitación, de quemas de iglesias, de incautación, asalto o allanamiento de rectorales, de asaltos a centros de derechas, etcétera, no encontré, digo, un solo caso en el que los registros gubernativos fuesen dirigidos contra algún izquierdista, masón o sindicalista. Y ya sabemos que según el propio gobernador civil, los registros habían tenido bastante extensión. Si un señor que no era falangista, ni miembro de Renovación Española, ni de la CEDA, ni de un sindicato libre --que según para quienes, todos los anteriores eran fascistas-- se encuentra aterrorizado por imputársele una filiación fascista ¿os imagináis la presión a la que pudieron estar sometidos aquellos falangistas y sus familias, encarcelados por orden gubernativa, registrados sus domicilios con amplio aparato de fuerza pública en la calle para que se les pudiese señalar, vistos de forma hostil, en un ambiente de opresión, etc? Llegó la guerra, y cuando el león rompe su jaula, cuando se llega a una situación de guerra en la que se abandonan los procedimientos empleados en tiempo de paz, como dice el viejo aforismo: en la guerra, como en la guerra.

Mis notas.



sábado, 3 de diciembre de 2011

De Casteleiro, la señorita y el tinterazo


Vuelvo al local de Renovación Española, al edificio que aparece con una mosquitera verde. En su primer piso estaba instalada la sede social de esta entidad. Ya comentamos que el 15 de febrero de 1936, víspera de las elecciones, hubo disturbios en la calle Real. Grupos, que parecen de mozalbetes y con una destacada presencia del elemento femenino, transitan por la calle Real con escaleras pegando sus carteles y arrancando los de las derechas. Al sacar unos carteles que había en los balcones de Renovación, los socios se asoman, lanzando lo que tienen a mano: tinteros y pisapapeles. Desde la calle se les responde con una lluvia de piedras --que no hay en la calle Real, así que las llevaban puestas-- que hiere en la cabeza a un socio provocándole una pequeña brecha de la que es asistido en el propio local por dos médicos que se encontraban allí.

Alguien me contó que una de las virtudes que tuvo el hecho de que cuajase la afición al fútbol desde principios del siglo XX, fue que con ella se acabaron las temibles pedreas. En estas, equipos de animalitos jugaban o se desafiaban lanzándose piedras que con frecuencia originaban la pérdida de un ojo, lesiones que dejaban señalado al muchacho de por vida, o incluso la muerte. Hoy se han perdido otros juegos igual de bestias, como ir a la playa o a una zona de rocas bajas a torear las olas un día de temporal, que de forma también periódica dejaba a algún que otro muchacho ahogado. Aunque en los años 30 las pedreas no fuesen tan frecuentes, algo perduraba de ellas, no sé si en el subconsciente de aquella generación. En el apedreamiento de la sede de Renovación, los socialistas y juventud revolucionaria en general, debían llevar piedras en los bolsillos. También vimos que el falangista Gerardo Martínez Pan fue detenido en 1935 por ocupársele piedras en los bolsillos. Los socios de Renovación, igual de primarios si el caso lo exigía eran más finos y lanzaron tinteros y pisapapeles contra la turba que se había encaramado con escaleras a sus balcones y retiraba los carteles de Acción Popular.

No aparece por parte alguna la tal María Manteiga de la que habla la prensa, sino que de acuerdo con la causa, el tinterazo le cae a Amparo Torrente de la Cruz, de 22 años, soltera, vecina del callejón de Tabares en donde sería excepción si no fuese prostituta. Se presenta en Comisaría a formular una denuncia por daños al habérsele manchado de tinta el vestido. Acusa como responsable del tinterazo a un tal Casteleiro, que según la Policía es José Casteleiro Varela, de 31 años, viajante. Yo añadiría que fue un conocido miembro de la milicia ciudadana Caballeros de La Coruña, en donde su hermano Armando era en 1936 brigada.

A Manuela Martínez Rodríguez, de 14 años, que según dice, pasaba por allí, le tiraron un pisapapeles de vidrio o un fragmento de este que le provocó una brecha por la que fue asistida en la casa de socorro. Acusa al secretario de Renovación Española, Juan Vidal Verdes, como autor del hecho.

Otros personajes que rodean este suceso son: Pilar Mesejo Salorio, de 17 años, reconoce que formaba parte del grupo que hacía propaganda del Frente Popular. Horacio Mosquera Maceiras, de 18 años, albañil, dice que pasaba por allí y añade incluso que vio como Casteleiro sacó desde el balcón una pistola. Es el único que lo dice. Óscar Freire García, de 16 años, carpintero, también pasaba por allí y ayudó a transportar a la casa de socorro a la lesionada. Olegaria Allegue Dopico, de 15 años, iba en compañía de su amiga Manuela Martínez, también paseando. Esperanza Carballido Montoya, de 19 años de edad, dice que iba en compañía de sus compañeras las denunciantes.

Me llama la atención la edad, chicas de hasta 14 años que parecen formar parte de organizaciones integradas en el Frente Popular. También me llama la atención esa probable prostituta, de nuevo por medio de asuntos relacionados con el F.P.

Mis notas.